La Democracia es un camino bastante largo y propiamente indefinido. Hay un mínimo de condiciones que se pueden denominar como "Derechos Humanos". Pero el derecho no es más que un mínimo, porque de nada sirven los derechos si no tenemos posibilidades. Si sólo tenemos derechos es un mínimo porque el derecho también puede llegar a ser algo muy restringido: que todo el mundo tenga derecho a elegir y ser elegido, ¿aunque ni siquiera sepa leer?. La Democracia consiste en algo más que eso, aunque los derechos son importantes. El derecho fundamental es el derecho a diferir, a ser diferente. Cuando uno no tiene más que el derecho a ser igual, todavía eso no es un derecho. Pero además del derecho - decía Carlos Marx- es necesaria la posibilidad. La Democracia va en tres direcciones: la una, es la posibilidad; la otra, es la igualdad; y la otra es la racionalidad. Examinaremos estas direcciones de la Democracia que tienen mucho que ver con el proyecto de apertura democrática, de ampliación de la democracia. Porque vivimos en un a democracia muy restringida; por eso hay que ampliarla. La igualdad debe ser una búsqueda económica y cultural. Es casi una burla para una población, decir que todos los ciudadanos son iguales ante la ley, si no lo son ante la vida. ¿Qué dice la ley? Anatole France dijo en el siglo pasado: "Queda prohibido a ricos y pobres dormir bajo los puentes". Desde luego sólo les queda prohibido a los pobres, porque los ricos no se van a dormir bajo los puentes. Si no hay igualdad ante la vida, la igualdad ante la ley se convierte en una burla. Pero la igualdad ante la vida es algo que es necesario conquistar. Es una tarea, no es un decreto: "Todos son iguales ante la Ley", no se puede decretar, es una búsqueda. La apertura democrática es la búsqueda de una democracia que no sea una burla para la población. Para ello se necesita una actividad que es la que vamos a promover aquí. La podemos llamar "participación", lo cual es una manera de decir. Lo anterior significa que la democracia no se decreta, se logra. Si un pueblo no la conquista por su propia lucha, por su propia actividad, no le va a llegar desde arriba. No hay reformas agrarias que no vengan de una búsqueda de los campesinos, de una organización campesina, de una lucha campesina. La conquista de la democracia supone la organización del pueblo en muchos niveles, se puede hacer en los barrios, en una junta de acción comunal, en las comunidades indígenas, etcétera. Y esta organización es esencial porque es la manera que tiene el pueblo de producir su propia cultura, no sólo de recibirla. Nosotros hablamos mucho de que vamos a dar más educación, a implementar programas de educación a distancia, etcétera, pero no se trata solamente de eso. Se trata de la lucha por una reconquista de algo que se perdió hace mucho tiempo, digamos desde la Edad Media. Hace mucho tiempo que el pueblo dejo de crear cultura. Nosotros ya no tenemos un folclor. Lo hubo en la Edad Media cuando el pueblo creaba verdaderas maravillas culturales: el cancionero español, los cuentos de hadas, las catedrales góticas. Era creador de cultura. Para que pueda ser el pueblo creador de la cultura, es necesario que tenga una vida común. Cuando se dispersa, se atomiza, cuando cada uno vive su miseria en su propio rincón, sin colaboración, sin una empresa y sin un trabajo común, entonces pierde la posibilidad de crear cultura. Ahora puede que la reciba por medio del transistor, de la televisión o por cualquier otro medio, pero como consumidor no como creador. Es necesario que el pueblo vuelva a crear cultura. Esto es esencial en una definición moderna de la democracia. Ahora ni crea ni recibe, y no estaría mal que por lo menos recibiera, pero no es suficiente. Tenemos que plantearnos metas altas. Una meta muy interesante es la de un pueblo creador. Esto no se mide por las estadísticas. Las estadísticas nos informan porcentajes acerca de la población que sabe leer y escribir, de la que ha terminado la escuela primaria o el bachillerato, pero eso no es todavía una cultura. La cultura hay que hacerla. Más aún, las estadísticas nos engañan, las estadísticas nos engañan tanto, que es todavía más culto un campesino analfabeta que sepa narrar, contar una cacería, hacer una canoa, hacer una casa de habitación con un estilo propio. Él es mucho más culto que uno de esos bachilleres que estamos fabricando, pero en las estadísticas aparecen como bachilleres. Es más culto un pueblo que produzca algo, que tenga un estilo, que tenga una manera de vivir, pero para eso tiene que organizarse. El pueblo disperso, las masas impotentes, cada cual - como he dicho - refugiados en el rincón de su pequeña miseria sin más relaciones de linderos, de celos, es un pueblo que no produce nada. Es necesario que el pueblo se organice en comunidades de barrios, de campesinos, es decir, comunidades de cualquier tipo porque mientras esté disperso está perdido, está perdido no solamente porque hay tanta miseria - eso también es muy grave - sino porque no tiene una cultura y creatividad propia. Marx decía - y discúlpenme que lo vuelva a citar, pero es muy interesante -, que en el proceso de desarrollo capitalista el trabajador había perdido la inteligencia del proceso, lo cual quiere decir que el hombre que trabaja, que vende una fuerza de trabajo durante ocho horas diarias por un salario, ni siquiera sabe lo que está haciendo, No sabe qué es lo que hace, tampoco para qué se hace ni por qué se hace. En otros términos, no dirige el proceso, ni siquiera lo entiende. Hubo una época en que estaba muy cerca el artesano del arte, ni siquiera había una posibilidad de diferenciar bien. No se distinguía bien un artesano, que hacía un par de zapatos, un violín, un cuadro y que sabía como hacerlo, como un artista. A ese período artesanal ya no podemos volver. El pueblo ya no puede apropiarse de la inteligencia del proceso individualmente, sino por medio de la colaboración, de la comunidad. Democracia y racionalidad Lo que nosotros llamamos una apertura democrática es una búsqueda de una comunidad, de un pueblo que exija, que piense, que reclame, que produzca. Ahora bien, esa comunidad está igualmente en función de la racionalidad. Quiero poner en primer plano el tema de la racionalidad, porque es necesaria para que pueda haber democracia. La democracia surgió hace mucho en Grecia, pero no como dice el Evangelio de San Lucas: "La verdad os hará libres". Surgió al revés: Es la libertad la que vuelve a al gente verdadera porque la obliga a discutir. Voy a definir muy rápidamente el concepto de racionalidad apoyándome en uno de los más grandes racionalistas que haya tenido la historia humana: Kant. Él definió la racionalidad diciendo que consistía esencialmente en tres roncipios:
Pensar por sí mismo no quiere decir - no nos equivoquemos es esto - ningún prurito de originalidad. Uno piensa por sí mismo cuando lo que piensa, uno mismo lo puede argumentar, y si le va muy bien, demostrar. Cuando yo digo que los tres ángulos de un triángulo suman dos rectos y lo puedo demostrar en el tablero, yo pienso por mí mismo, aunque eso ya lo sabía Euclides desde hace 2500 años. Pensar por sí mismo quiere decir que el pensamiento no es delegable, no es delegable ni en un Papa, ni en un partido, ni en un líder carismático, ni en un comité central, ni en una iglesia, ni en nadie. Lo que uno no piensa por sí mismo, no lo piensa, simplemente lo repite. Los griegos tuvieron una ventaja muy notable sobre otros pueblos de la antigüedad que fue la de no contar con un texto sagrado, en relación con el cual uno pudiera resultar hereje. No tenían los perniciosos auxilios del Espíritu Santo, ni la biblia, ni el Korán, ni nada por el estilo, entonces podían pensar cualquier cosa, fuera Heráclito o Parménides o pensar lo contrario de Heráclito. Y eso los obligó a crear la lógica y a formular los términos de ella los obligó a ser racionalistas. El pensamiento racional se caracteriza porque tiene un rasgo democrático esencial, rasgo que nos va a ayudar a definir las dos cosas. La racionalidad por la democracia y la democracia por la racionalidad. Porque cuando alguien habla como un lógico o como un científico, le habla a un igual, pero no habla nunca un científico de arriba a abajo. El discurso racional, es un discurso que nos pide a nosotros permiso. "Permítame una hipótesis". El pensamiento racional es una clave de la Democracia. El principio "pensar por sí mismo" tiene como su equivalente inmediato, dejar que el otro piense también por sí mismo, ni de arriba a abajo, ni de abajo a arriba. De abajo a arriba se suplica, se solicita, se pide, a lo mejor se obedece, pero no se demuestra. Se demuestra sólo entre iguales. Por eso también fundaron los griegos una ética tan extraordinariamente fuerte, que es la ética que corresponde a la racionalidad: una ética horizontal, es decir, entre iguales. Los grandes valores eran la amistad, la hospitalidad, la reciprocidad. No la caridad - de arriba hacia abajo - ni la abnegación - de abajo hacia arriba - ni la paciencia, ni la humildad. Si nosotros vamos a luchar por un mundo democrático tenemos que aprender una ética democrática, que desde luego consta de valores horizontales entre iguales. El segundo principio kantiano de la racionalidad es "Pensar en el lugar del otro". El movimiento que se dirige hacia allá, a pensar en el lugar del otro, a reconocer que el otro puede tener la razón, a hacer el esfuerzo de ver hasta que punto se puede aprender de él, es un movimiento que va contra la discriminación. En primer lugar, contra todo racismo, contra toda discriminación se va a poner en el lugar del otro. Y si el otro está muy lejos de nosotros, si está en una tribu por ejemplo, ¿qué hacemos para ponernos en su lugar?. Tenemos que respetar su punto de vista, tenemos que saber que nuestro punto de vista no es el único, que hay otros puntos de vista en los cuales a lo mejor se pueden entender cosas que desde el nuestro no logramos entender. Pensar en el lugar del otro es dar ese paso, no creer que tenemos nosotros el centro de la razón y la totalidad de la verdad. Ese es el segundo movimiento de la racionalidad, y como todos ustedes ven, es también un movimiento en dirección de la democracia. El tercero es muy difícil de llevar a cabo: Ser consecuente. No se trata de ser terco. Quiere decir que si nosotros tenemos una tesis cualquiera, y las consecuencias necesarias de esa tesis resultan ser contradictorias o absurdas, debemos abandonarla, si queremos ser consecuentes con la lógica. Y esto es muy distinto de ser terco. Tener, por tanto, en la vida una gran disponibilidad a cambiar, es la última exigencia de la racionalidad. A cambiar los puntos de vista si se demuestra que lo que estábamos sosteniendo eran disparates y nosotros mismos lo vemos. En una carta muy famosa que Platón mandó desde Sicilia a los amigos de Dión, decía entre otras cosas que : la ventaja de tener una posición filosófica es que en ésta ocurre algo muy distinto de lo que ocurre en el comercio, porque cuando uno hace una discusión, y la hace racionalmente, allí el que pierde gana, porque tenía un error y encontró una verdad; lo que no quiere decir que el que gana pierde porque simplemente él sostuvo su verdad. Esa actitud abierta a la racionalidad es necesaria para definir los términos del compromiso de la democracia. El camino de la democracia pasa por la racionalidad, se define en términos de racionalidad. Pero no sólo en esos términos, sino también en términos de la igualdad de posibilidades. Es necesario desarrollar una idea clara de democracia. Es bueno decretarla pero no es suficiente. A los pueblos como a los individuos no se les puede juzgar por lo que digan de sí mismos, sino por lo que hacen. Un individuo puede declarar que él es un genio incomprendido al que sin embargo todo el mundo toma por bobo; pero no se le puede aceptar por el sólo hecho de que lo declare, pues tendría que hacer cosas geniales. Lo mismo pasa con los países: No es lo que declaren en la carta constitucional sino las relaciones sociales, la manera como vive la gente; una sociedad vale tanto como las relaciones que tienen los hombres unos con otros y no tanto lo que diga algún decreto, algún papel, así sea la Constitución. Participación y Democracia La idea de una apertura democrática esun concepto de la sociedad. Nosotros hemos dicho " Participativa", por decir algo. Que la gente pueda opinar no es suficiente, que pueda actuar es necesario, y que pueda actuar en aquello que le interesa, en su comunidad, en su barrio, en su municipio. Pero para poder actuar tiene que tener bases, instrumentos culturales y materiales. La creación de un mundo de instrumentos colectivos es la apertura democrática. ¿Esto se puede llamar participación? Sin duda puede llamarse así. Cuando un gremio actúa en el barrio, por ejemplo en autoconstrucción, desde luego necesita elementos materiales, tiempo, no tener miedo ni humildad (ésta es una virtud poco democrática), necesita tener esperanza (esa si es una virtud democrática). Ahora, cuando un pueblo actúa alcanza mayores éxitos que cualquier programador o racionalizador y es por eso que el pueblo puede hallar soluciones, en los niveles más elementales de la vida cotidiana, a sus propias necesidades. Cuando el pueblo no participa en la programación, se dan casos con las urbanizaciones populares que son unos cajoncitos de vivienda que no corresponden a sus necesidades de vida. A los programadores se les olvidó que había niños, que éstos no pueden estar guardados en un cuartico, que necesitan espacios comunes para jugar, para manifestarse, que necesitan tiempo, porque una señora no puede estar con cuatro muchachitos pegados a la bata todo el día en una cocina. Entonces necesitan guarderías y el pueblo va encontrando sus necesidades y la forma de resolverlas. No debe esperar que todo le llegue desde arriba pero sí se requiere un Gobierno que por lo menos permita que el pueblo exija, que se organice, que promueva instrumentos colectivos. Todo eso es lo que por ahora nosotros podemos definir como una democracia, una democracia restringida pero que busca participación. ¿La participación en qué, con qué o con quién? ¿Con el Gobierno? No; la participación en la transformación de su vida. Y eso no va sin conflicto. Nosotros tenemos una democracia muy restringida también en el sentido económico, y debemos decirlo claramente. En nuestras ciudades hay una gran cantidad de tierra urbana acumulada por unas pocas familias en espera de valorización, mientras el pueblo no tiene dónde vivir y se instalan en invasiones de lagunas y laderas. Esto es lo menos democrático del mundo. Y ahí hay un conflicto de intereses de clase. No se puede estar con la vivienda popular y al mismo tiempo respetar como si fuera sagrada una propiedad que se tiene sin hacer nada, solamente esperando que se valorice la tierra urbana. Para estar con la vivienda popular hay que entrar en conflicto, del mismo modo que para estar con la reforma agraria. En conflicto con quienes han monopolizado la tierra. Eso no se puede evitar ni es bueno callarlo como si no existiera. Quisiera poner un ejemplo para mostrar la diferencia de intereses. Había un amigo que se llamaba don Luis Ospina, un millonario antioqueño que por lo demás escribió un libro muy notable de economía. La señora de él llega un día de mercado y le dice : ¡Cómo está de cara la carne, así como vamos no sé a dónde vamos a llegar! Y le objeta don Luis: "pero ¡Cómo se le ocurre preocuparse por eso, si por cada libra de carne que nosotros compramos, vendemos veinte mil libras de carne! Esa es la inflación: pero es que él sabía de economía y ella no. Nosotros no podemos evitar reconocer y asumir los conflictos. Eso implica básicamente una cosa: nosotros estamos del lado de los que tengan más necesidades y menos posibilidades. Sólo así se puede ser demócrata . No es suficiente, aunque es bueno que la censura no vaya a decirle a nadie "usted no tiene derecho a hablar", o a recortar los periódicos. Para ser demócrata hay que estar del lado de las necesidades , de los que tienen menos posibilidades concretas. Si no, no hay apertura democrática. Generalmente se dice - es una idea vieja y no es incorrecta desde luego - que democracia es libertad. Pero libertad es posibilidad. Uno no tiene libertades porque están escritas en alguna parte, por hacer aquello que la ley no le prohibe. Es todavía necesaria otra cosa: que no se lo prohiba la vida. Puede que la ley no le prohiba a nadie entrar a la Universidad, pero si se lo prohibe la vida, si se lo prohibe la economía, si se lo prohiben los hechos; de todas maneras no tiene libertad de educarse. La libertad está en el orden de la posibilidad. ¿Qué libertad tiene el campesino que perdió su parcela en una mala cosecha o en una buena - no se sabe qué es peor -, y le toca irse de tuguriano a buscar una ciudad donde vivir? ¡Tiene la libertad de ser tuguriano, pero no tiene ninguna otra! Y no es que la policía se lo prohiba, o el Gobierno, pues él tiene la libertad de ser un tuguriano. No asumamos nunca una definición negativa de libertad: "es todo aquello que no nos prohiban". Asumamos una definición positiva de la libertad: es aquello que la vida nos permite hacer. Y entonces nos podremos poner a luchar por una apertura democrática que no puede existir sin participación popular. Es en los barrios donde la gente tiene que aprender a hacer sus cooperativas, a hacer sus casas, a tener su organización, a dirigirse por sí mismos. Es allí donde se amplía la democracia, si no, no la ampliamos en ninguna parte |
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Ser FELIZ no significa que todo sea perfecto, a veces la MEJOR opción es la que duele; debemos sentir la ausencia para valorar la presencia. No busques el momento perfecto, sólo busca el momento y HAZLO PERFECTO. Hay días grises, pero a la final SIEMPRE saldrá el sol. Recuerda... sólo vuelve lo que realmente VALE LA PENA, lo que no, simplemente se aleja. EXÍGETE mucho a ti mismo y espera poco de los demás.
1 abr 2011
DEMOCRACIA Y PARTICIPACIÓN - Estanislao Zuleta
9 abr 2010
Los falsos +
Los Falsos Positivos:
“Los Nadie, que cuestan menos que la bala que los mata”
El conflicto armado en Colombia es un problema interno que se desarrolla desde principios de la década de los años 1960, pasando por una serie de etapas de recrudecimiento, en especial cuando algunos sectores se comenzaron a financiar con el narcotráfico. El conflicto, tiene antecedentes históricos en la violencia bipartidista de la década de 1950 y de años anteriores que datan a la época colonial cuando Colombia siendo la Nueva Granada se independizó del régimen monárquico español. Sin embargo, la época en que se presentó un mayor incremento fue entre 1988, cuando estaba en la presidencia Virgilio Barco y se rompieron los diálogos de paz con las guerrillas, hasta 2003 con el accionar del estado, las guerrillas, grupos de narcotraficantes y paramilitares, durante el inicio de la presidencia de Álvaro Uribe.
Al volverse la situación tan “peluda”, Uribe implementó la política de seguridad democrática, una política gubernamental que propone un papel más activo de la sociedad colombiana dentro la lucha del estado y de sus órganos de seguridad frente la amenaza de grupos insurgentes y otros grupos armados ilegales.
La política de seguridad democrática, plantea que existe la necesidad de fortalecer las actividades y presencia de los órganos de seguridad a lo largo del territorio nacional, y que al mismo tiempo debe ser la sociedad y no sólo los órganos de seguridad quien debe colaborar para obtener un éxito militar satisfactorio frente a los grupos armados al margen de la ley, que lleve a la desmovilización o rendición de sus miembros.
“(…) La Seguridad Democrática es lo que se requiere para garantizar la protección de los ciudadanos (…)”. Álvaro Uribe
Es bien sabido que esta política ha ayudado al mejoramiento de seguridad del país en gran medida, puesto que ha permitido que las carreteras puedan volver a ser transitadas sin temor a que los viajeros sean secuestrados o caigan en las llamadas Pescas Milagrosas. Además, la confianza que genera, ha consentido que la inversión extranjera vuelva al país. Entre algunos hechos sobresalientes, resultado de la seguridad democrática, se encuentra el rescate de 15 secuestrados en la Operación Jaque, que se encontraban en poder de las FARC. Al igual que ha llegado a golpear duramente a dicha organización, afectando a varios miembros del secretariado de las FARC, entre ellos está el fallecimiento de Raúl Reyes en la controvertida Operación Fénix y el asesinato de Iván Ríos a manos de un subordinado a quien el gobierno pagó una recompensa. Igualmente se han desmovilizado varios miembros rasos de las FARC e incluso algunos comandantes como lo fue el caso de alias "Karina" quien se entregó en mayo de 2008.
Sin embargo, este mecanismo de defensa ha recibido duras críticas y se le han encontrado varias “caídas”. Una de las críticas de los detractores consiste en que, aunque haya dado algunos resultados en materia de protección, la política de seguridad democrática se queda totalmente corta a la hora de enfrentar todos los aspectos del complejo problema de la violencia y del conflicto colombianos.
Otra de las críticas, considera que al involucrar a la población civil en la defensa activa del estado, se estaría exponiendo a los civiles a un mayor grado de la intensidad del conflicto armado, por parte de todos los grupos armados, incluyendo de los abusos que ejecutasen algunos miembros de los organismos de seguridad.
Pero la “caída” que ha generado mayor controversia, fue la que se produjo por el afán de tener resultados rápidos por parte de una política sombría y para demostrar que realmente el estado colombiano, como un “macho”, con los pantalones bien firmes a la cabeza, realmente está ganando esa guerra que parecía imposible de ganar. Los medios por los cual esto se consigue, son secundarios: lo importante es el fiambre, la mano cortada, los cuerpos despedazados. Eso es lo que cuenta. Y es con ese fin que se ha establecido todo un sistema de estímulos para que la soldadesca se motive a entregar los ansiados resultados: ascensos, días libres, amén de la presión puesta por la exigencia de “cuotas de muertos” por parte de los altos mandos militares. Ese sistema de estímulos, en el marco de la estrategia de cooperación cívico-militar del actual gobierno, se ha traducido también en la creación de una extensa red de informantes o “sapos”, como se les llama coloquialmente, que colaboran con información a cambio de unos cuantos “pesitos”, que pueden ir de unos $5.000 por entregar un cilindro-bomba hasta muchos miles de millones por dar información sobre algún miembro del secretariado de las FARC-EP. Esto ha llevado a una degradación del conflicto al más puro estilo del Far West. Los civiles por las suculentas recompensas y los soldados por las posibilidades de hacer carrera, son de esta manera puyados para que apuren el tranco en esta fiebre de los “resultados”.
Es en este contexto, en donde tiene que entenderse el fenómeno típicamente colombiano de los “falsos positivos”. Un concepto que a cualquiera que no esté familiarizado con la realidad colombiana le parece sencillamente un oxímoron, pero que es en realidad, una palabrita cuya sola mención hace que a cualquier campesino colombiano le dé escalofríos.
En medicina, un falso positivo es cuando a alguien se le diagnostica de una enfermedad que no padece. En la jerga militar colombiana, un falso positivo, es algo similar: declarar un resultado positivo del Ejército a algo que no lo es. Puede ser el montaje de auto-atentados de los cuales culpan a las fuerzas insurgentes, puede ser la supuesta frustración de algún plan terrorista por parte del Ejército, puede ser culpar de una masacre cometida por terceros a las guerrillas, puede ser asesinar a civiles para luego presentarlos como guerrilleros dados de baja en combate; en fin, la lista de posibilidades de falsos positivos es bastante larga y extensa. Después, el estado tiene el atrevimiento de transmitir a todo el país, como si se tratara de un macabro reality show, los últimos “golpes contundentes” a las guerrillas o se exhiben, con morbo rayando en lo pornográfico, los insurgentes capturados o los cadáveres de los guerrilleros abatidos. Y todo esto para jactarse de hombría, siendo que solo acaba por demostrar que al gobierno le faltan güevas y que el pueblo colombiano tiene los ojos llenos de mierda.
Lo que se vive en Colombia no es política, ni es de seguridad ni mucho menos democrática, es guerra de unas proporciones enormes que en nombre de “la lucha contra el terrorismo”; pretende que ignoremos la pobreza y la miseria crecientes, el desempleo, el rearme de grupos paramilitares y narcotraficantes, el desbordamiento del desplazamiento forzado, la parapolítica, la delincuencia organizada, las privatizaciones de los servicios públicos, las chuzadas del DAS ordenadas por los gobiernos de turno, los asesinatos de jóvenes pobres por parte del ejército y la policía, la corrupción del gobierno y en general, la descomposición de un estado dedicado a la criminalidad.
“Las estadísticas de la seguridad democrática no se pueden seguir escribiendo con la sangre de personas inocentes”
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